Capítulo 100 de Padre de Familia
Quizá resulte aburrido éste post para aquellos que vieron el episodio Super Espectacular Número 100 de Padre de Familia hace tiempo. Es que yo lo ví anoche, haciendo zapping en busca de algo feliz que ver. Y al detenerme en FX, y “engancharme” con las publicidades de apertura de No Molestar, descubrí que como toda buena serie que se preste de pretenciosa de la mejor de las maneras, existe un capítulo número 100 de Padre de Familia, en donde algo se festeja.
Para quienes no lo hayan visto, el episodio tiene a un presentador en primer plano (con un muy extraño fuego a leña de fondo) que habla sobre la serie, y se jacta de ser excelente, tanto como persona, como hombre o como comediante. Ahora, entre sus monólogos, él mismo presenta pequeños compilados de escenas de la serie, reunidas bajo una tópica. Por ejemplo, Musicales (que no fue mi preferido). Y, a su vez, entre animación y monólogo entran escenas de reportajes, donde el mismo presentador interroga a distintas “personas comunes de norteamérica” al respecto de la serie. Sus opiniones, gustos y disgustos quedan plasmados en un soporte digital que luego se reproduce con total impunidad.
Ahora, lo importante es aclarar lo siguiente: hacía mucho tiempo que no me reía tanto, pero TANTO, viendo tele. Últimamente, encuentro encanto en series tales como Dr. House (mi preferida) donde lo que abunda es el dramatismo, y un cierto ironismo a la hora de enfrentar determinadas situaciones. Pero en lo que al humor respecta, Los Simpsons como clásicos quedan fuera de discusión, ya que uno siempre se ríe (los reto a encontrar a alguien que no se ría con los queridos amarillos). Pero el resto de la programación siempre termina oscilando entre agachar la cabeza y responder al mandato productor, donde el capital tiene siempre la última palabra, o jugar a una burla descocada que no deja de ser un “seguir alimentando al sistema”.
Hay dos series que creo rompen en gran modo éste parámetro, y siguen divirtiendo de manera constante, y casi irrespetuosa. La primera, y por la cual comencé con éste post, es Padre de Familia. No hay respeto por nada, no hay denigración ante la mujer o ante el hombre, sino que lo denigran todo. No hay límites, NO HAY LÍMITES. Nada importa, y por eso divierte. Porque ni siquiera lo que devería de divertir importa, sino que sólo divierte. Y a la vez extasia en esa misma comicidad, en función al alto grado de crítica social que impone. El tema es que no sólo critica a la sociedad, sino que también critica a las Instituciones (tanto legales, como familiares), a los roles, al mismo humor. Nada se salva, porque nada tiene salvación. Y eso lo hace intachable, aún cuando por momentos genere cierta repulsión.
Y la otra serie que considero tampoco guarda ningún tipo de respeto por absolútamente nada, es una que (y si llegaron a leer hasta aquí de mi post ya imaginarán de la que hablo), en su forma no animada termina resultando casi tan eficaz como las series de animación. Contradice todos los preconceptos que sobre el humor inglés uno viene arrastrando desde hace tiempo, para mostrarnos que el humor eficaz no tiene fronteras, ni tiempos, ni nada. Sólo es humor, y del más crudo, en Little Britain. Y un humor que, hay que admitir, se disfruta mucho más después de haber visto las filmaciones de lo que los actores realizan sobre un escenario de teatro.
Ahora, se que con todo ésto dejo una puerta abierta de par en par para la crítica, para la oposición, o para la corrección. Y está bien, me gusta que me discutan, pero siempre con causa. Mientras tanto, dejo algunos regalos como para que quieran coincidir con mi postura, se sigan riendo como yo ahora.
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