Dr. House, un estreno de los que corresponden

Ya próximos a unas vacaciones (espero) no muy extensas, me propuse ayer a ver el capítulo estreno de “Dr. House”, que Universal Chanel emite cada semana. La publicidad advertía con ese tono de tan exquisita pregnancia, que el episodio de esa noche sería inolvidable, o “imperdible”, como tanto a los locutores les gusta decir. Con ese estado anímico de quien con impaciencia espera ver una revelación, la epifanía durante tanto tiempo soñada en esa serie de tan amargado e infeliz, -muy infeliz protagonista-, fue que me dispuse frente al televisor.
Luego de la repetición que se da una hora antes del capítulo estreno, pretendí con sobrada exigencia ser verdaderamente sorprendida. Y es que, como muchos de ustedes, luego de haber visto las dos primeras temporadas completas, y haberme casado simbólica, platónicamente con la serie, lo único que espero es que House encuentre el amor, que Cuddy tenga el hijo que desea, que “Trece” no se muera. Interesante sería que revelaran el inolvidable amor de Cameron hacia su antiguo jefe, aunque a esta altura ya no creo ocurra.
Lo cierto es que la sorpresa estuvo, y mejor de lo que podía esperar. Para quienes se perdieron el episodio, les cuento. El caso que el equipo de House tuvo que tratar no tiene demasiada relevancia dentro de la trama. Lo que sí importa es la subtrama de Cuddy, quien conoce a la adolescente embarazada (a punto de dar a luz) de quien recibirá el bebe, ya que le aceptaron la petición para adoptar. Se juega una constante tensión entre ella y House, siendo que éste último presiona intentando demostrarle a su jefa que no está lista para ser madre. Durante el episodio, Cuddy termina de preparar la habitación para la nena que dentro de poco va a recibir.
Hacia el final, el clímax se presenta como la peor de las elecciones para la adolescente embarazada, quien tiene que elegir entre salvar su propia vida y dejar que su hija probablemente muera, o esperar para el parto, corriendo riesgo su propia vida. Elige, por miedo y confusión, salvarse ella, por lo que le tienen que practicar una cesárea de emergencia. Cuddy presencia ininterrumpidamente la operación, aún cuando es exigida por House para realizar cuestiones administrativas. Hasta el último segundo, uno como espectador está pendiente de la vida de la niña, a quien creemos muerta, hasta que un leve quejido que luego se transforma en llanto, ilumina el rostro de todos en la sala de operaciones. Cuddy toma a la beba en brazos y se convierte en la madre más feliz del mundo.
Hasta aquí, uno es feliz por ese personaje que, aunque invención de excelentes guionistas, lo convertimos en real por esa emoción, por esa tendencia empática a sentir lo que el otro siente. Ya Aristóteles lo dijo, es la catarsis lo que nos hace, como espectadores, mantenernos pendientes sin parpadear a la trama, y a lo que los personajes viven. Sentir la posibilidad de que eso que tal personaje vive, también nos ocurra, nos coloca en un estado de vulnerabilidad emocional. No porque nos desvivamos por el sufrimiento ajeno, sino porque lo entendemos.
Volviendo a la historia, somos felices por la felicidad de Cuddy, quien va a visitar a la adolescente a su cuarto. La joven le explica que todo en su vida había sido dolor, sufrimiento, soledad, y que al ver a su hija en brazos de otra, sintió la posibilidad de nunca más vivir tal pena. En la beba vio la felicidad que ella nunca había tenido, y por eso se negó a entregársela a Cuddy, arrepintiéndose de todo lo ya pactado. Y aquí, si no lloramos, estamos al borde de una particular catarsis (más si somos mujeres).
Pero hay que aclarar que, lo verdaderamente sorprendente del episodio no fue nada de esto, sino más bien el final. Ya de noche, entre llanto, sentada en el piso de la habitación de la hija que no tuvo, Cuddy padece. Suena el timbre, y en la puerta está House quien, supuestamente, viene a saber cómo es que ella se encuentra. Cuddy explica que habrá de rendirse de manera definitiva, y el protagonista de la serie se apena diciéndole que habría sido una excelente madre. Y ella, en un arranque de furia, lo ataca preguntándole por qué, ahora que no habrá de tener a la beba, es que él le dice que sí será una buena madre, cuando anteriormente planteaba lo contrario. Y House, perdido en sus ojos, en su boca, le dice que no sabe, y, con efusividad, la besa como nunca antes la había (o habría) besado. El momento de mayor tensión dramática se concentra en esas dos bocas que se aman como uno nunca creyó posible. Y al separarse, la invasión de infernales dudas invadió a los dos personajes, causando la separación bajo un saludo de buenas noches como único recurso de despedida.

Luego de todo esto, debo decir que no puedo esperar a ver el próximo episodio. Quizá, finalmente, House encuentre el amor, y Cuddy al hijo que tanto desea. Lo cierto es que no había sentido tanta emoción desde que lo vi a House moribundo en el piso de su departamento.
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en Comedia / Drama, Doctor House | 3 comentarios
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03/03/2009
el año pasado me entere por rumores que el protagonista de la serie “dr. house” habia muerto en un accidente automovilistico. Me gustaria saber si es rumor es cierto ya que no hje visto las noticias recientemente.
11/06/2009
yo tanvien casi lloro lo peor fue cuando hoy me en tere dr. house esta un poquito loco y todo fue parte de su demensia me queria morir , puede ser que un hombre tanbrillante se pueda volver loco
30/06/2009
este episodio estuvo realmente genial no pudo haber terminado mejor pero lo malo es que en el siguiente capitulo house no quiere expresar lo que realmente siente por cuddy pero en verdad que esa pareja es genial me encanta por favor que algun dia house pueda ser feliz con cuddy los amo