El Intermedio: risas, política y chinas de Utrera




El Gran Wyoming

El Gran Wyoming

Crítica y humor. Una fórmula que casi siempre funciona. Una manera de crear productos audiovisuales que permite polarizar rápidamente al público: unos te quieren, otros claman por verte ahorcado. Para quien sepa algo de “las masas”, de “el público”, de “la audiencia”, esa polarización es una oportunidad. Una motivación más para llegar a millones de mentes cada noche. Si a la ecuación crítica + humor le sumas también política (o religión), el resultado, al menos en España, puede llevar a un programa de televisión: El Intermedio.

Sí, exacto: el programa producido por Globomedia, presentado por El Gran Wyoming (quizás uno de los mejores y más inteligentes humoristas españoles de hoy, del cual, aclaro me gustan sus improvisaciones, pero no verle tartamudear tratando de leer en el telepronter), y que emite, de lunes a viernes, La Sexta, cadena recién llegada al festín, pero muy (muy) atrevida, con una apuesta total por el humor (recordemos que también tienen a Buenafuente, a los chicos de Sé lo que hicisteis, a El Follonero…).

Desde mi punto de vista El Intermedio funciona. ¿Por qué funciona? ¿Por su presentador? Sí, esa es una de sus bazas. ¿Por su irreverencia? Pues, sí: es diferente, divertido y sus guionistas le han impregnado un estilo desenfadado, muchas veces descarnado (¿ofensivo?, recordemos la supuesta bronca de Wyoming a una becaria, al final una broma colosal contra Intereconomía Televisión), hace que no sean pocos los que se identifiquen con sus mensajes: ¿a quién no le gusta mofarse de la Iglesia, del extremismo islamistas, del Papa o de nuestros vecinos mismos?

¿Y sus reporteras? ¿Qué aportan ellas? Mucho. El casting de reporteras (y de periodistas para la cadena) es uno de los mejores de la televisión española: Beatriz Montañez (en el ojo de la tormenta: Interviú la tiene en top less) y su actuación diaria, su contrapunto “serio” al mordaz e irónico Wyoming está muy bien concebido; Thais Villas, y su perspicacia, ha logrado reportajes memorables (los de “barrio rico” contra “barrio pobre” son, sencillamente, geniales); o las nuevas: Africa Luca de Tena o Lara Ruiz, la argentina despampanante.

Mención aparte para Usun  Yoon y sus silencios, su natal Utrera, sus disparados reportajes, su forma de hablar, un personaje que estoy seguro pronto tendrá ofertas de “otros”.

Incluso, desde el punto vista técnico siempre me ha llamado la atención la gran habilidad de los editores del programa (por cierto, ¿qué usarán: Final Cut, Avid, Adobe Premiere…?). Por cierto, la emisión de los viernes mejoró ostensiblemente desde el fichaje de Juanra Bonet, el cual sustituyó a un Pablo Carbonell que realmente nunca supo qué hacer en el programa.

Y si a todo esto le sumamos un último ingrediente, uno llamado “política” (o políticos, da igual), tendremos una suma bien pensada: televisión + humor + crítica + política = El Intermedio. Que conste: sueño, trato de imaginar una televisión donde no aparezca la política. Sí, soy un iluso. Es pura utopía: en estos tiempos febriles, extraños, críticos, una de las válvulas de escape es el humor. Y si el humor critica a los políticos y sus políticas, e incluso a los propios medios de comunicación, quizás en nuestro sofá logremos “cargar las pilas” para ir mañana, y pasado, a trabajar.

Sí: a mí me gusta El Intermedio, me gusta reírme… pero (también lo reconozco) odio la política.

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