Sobre los finales…

Algo que creo compete a cualquiera, en cualquier parte del mundo en que se encuentre, es el hecho de que siempre las cosas se terminan. Como dijo una cantante a la que quiero mucho, “nada es para siempre“.
Es, hoy, el 31 de Diciembre de 2008, y por tanto el último dÃa del año. Como ocurre todos los años, es en esta época cuando las series que durante el año hemos disfrutado con alegre efusividad, se terminan. Es el inevitable “adiós” que aparece en boca de aquellos que, acompañándonos todos los dÃas de la semana, o quizá una vez cada siete dÃas, se ganan nuestro afecto, o al menos, nuestra gustosa compañÃa.
Asà ha ocurrido en la pantalla Argentina, como supongo también en las pantallas de todo el mundo. Series que funcionan como resúmenes semanales, novelas que se extasian en el melodrama, o series que juegan con el entretenimiento del público, cierran su ciclo, y con ellas cierran el personal. Y aquà vuelvo con mis usuales análisis de lo que la televisión implica en la actualidad, ya que para muchos, sino para la gran mayorÃa de habitantes de éste, el mundo globalizado de hoy en dÃa, la TV es una compañera cotidiana, un medio de información, de entretenimiento, de emocionalización. Apela a todas nuestras fascetas, para asà sumar o restar, en función a cómo nos encontremos. Y por eso, un conductor o un personaje de televisión, cuando se despide, genera una sensación de vacÃo propio a cuando cualquier ciclo personal se cierra.
El cierre de temporada de un programa semanal como lo fue el de éste año de RSM (el Resumen de los Medios), conducido por Mariana Fabiani, con panelistas tales como Claudio Pérez y Maju Lozano, fue de lo más emotivo que recuerdo haber visto. Y es que Lozano se despidió de manera definitiva del programa (que vuelve el próximo marzo), para cambiar de rol y volverse a la conducción de otro programa. Siendo que ambas conductoras guardan una amistad fuera de pantalla, y siendo que el programa fue siempre un fiel reflejo de la naturaleza de las relaciones de quienes lo hacÃan, el llanto no tardó en llegar, y el programa final fue no más que un despliegue de emociones demasiado humanas por momentos.
Anecdótico resulta esto. Y es que fue éste un final como cualquier otro que en otro canal, en otro programa se podrÃa haber visto. Éste post no hace más que de excusa para despedir el año, para agradecer a quienes siguen al blog cotidianamente, y para demostrar que aquello de lo que hablamos, que es de la televisión, sin más, implica no sólo el ver episodios sueltos y encandilarse con personajes, o sentir empatÃa por alguna historia. Lo que vemos es también un reflejo de lo que somos. Porque es cÃclico el proceso de conformación. Y es que lo que vemos nos modifica, nos suma o nos resta, y nos va definiendo, a veces sin que lo notemos, una identidad que se despliega luego en todas las fascetas de la vida.
Me disculpo por tanta perorata, y aclaro que ésto no es algo que suela suceder, por lo que tampoco, mucho se va a repetir. Sólo les voy a desear un muy feliz año, y un aún más feliz comienzo del 2009 que se nos viene con todo.
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